lunes, 23 de mayo de 2011

LAS QUE TIENEN QUE SERVIR





En esta casa no se abre una puerta sin cerrar antes la otra. Es vital que lo recuerden. No es tan fácil como parece, hay quince llaves distintas para las cincuenta puertas, dependiendo de la zona en la que se encuentren. Señora Mills, a partir de mañana dejaré otro juego de llaves a su cargo.

Los Otros, Alejandro Amenábar.


Ahora que volveré a ocultarme en las sombras y a no hablar de nada en especial en la merienda con los compañeros, no sea que se sepa que no me gustan nada las gaviotas –que se sabrá, por hechos, por actitudes, pero quiero ponerlo difícil- puedo sin embargo hablar ya del trabajo que encontré, o que me encontró a mí, más bien; no sólo me llamaron del Inem, sino que fue por mi título de Técnico en Alojamiento y nadie me enchufó, gané un concurso de criterios; estoy por llamar a Friker mañana mismo. Y no se acaba ahí, es del estado y parece ser que soy la Gobernanta de una residencia, es decir, que a lo mejor mando un poco, aunque no me gusta eso, me limito a no meterme en nada como buena interina, como miembro honorífico de esta generación sustituta de todo, que si quieres trabajar un mínimo de un año, tienes que esperar a que se jubilen o se mueran o estén enfermos.

A pesar de los malos deseos de quiénes son sólo su trabajo y quieren lo mismo para todos los demás, de los que aún quieren machacar más al sufrido desempleado actual y culparle de no buscar, de no buscar bien, de no buscar suficiente o de no crearse una empresa de la nada porque son unos vagos y unos maleantes –la falta de patrimonio o contactos con aval no tiene nada que ver- me ha sucedido esto, una extraña oportunidad que simplemente no se me había pasado por la cabeza que pudiera tener.

Al parecer, se ha decidido que en los hoteles urbanos tenían razón: mi módulo no es tanto para ser recepcionista y/o poner un pequeño hotel -en caso de contar con una vieja possessió** en herencia como mínimo- como para ser gobernanta, o lavandera o limpiadora del estado. Lástima que se pretenda que el personal laboral de la administración pública sea de contrata y viva con el corazón en un puño, como la mayoría de los aún empleados en este mayo de acampadas. No estoy muy contenta con el ciclo ultraconservador que se nos viene encima, pero tan hermoso gesto me hace pensar en canciones de Jefferson Airplane, de Raimon, de Simon & Garfunkel, me hace sonreír por la calle cuando me asomo a las siete de la mañana y les veo durmiendo en sus colchones y sacos porque quieren algo más. Estuve en una de esas plazas sentada con Isabelo, y he escuchado que pone nerviosos a los que quieren seguir siendo concejales en su pueblo y ganar una pasta, aunque sea con el Frente de Liberación de Enanos de Jardín.

Me hace fabular un mundo aparte, un sistema nuevo, mientras tiendo sábanas o barro el patio a trocitos como aquel legionario de “Astérix el legionario”* que barría baldosa a baldosa y sacaba de quicio al centurión, aunque importunar a estos romanos de verde no es algo que entre en mis previsiones, prefiero ser una tenue presencia que da puntadas a guantes blancos en la penumbra de una lavandería y apenas habla, y siempre de algo trivial o personal, aunque haya querido comprar unas ensaimadas a los que estaban tan tristes esta mañana.

Habrá quiénes se avergonzarían de una labor como la mía, no es mi caso, nunca lo ha sido, no me gustan los clasismos ni los que maltratan por sistema a quiénes les atienden, bien, mal o regular; he de decir que un trabajo que ofrece resultados inmediatos y tiene algo de sentido –dejar un patio sin hojas o sin colillas, intentar dejar un mantel bien planchado- no es causa de frustración, es el que es y punto. Y en tu casa, como si lees a Javier Marías o tienes un blog que llevas años escribiendo, esos que te clasifican según el trabajo que realizas no lo sabrán nunca, porque no hablarás con ellos, sabrás ya que no vale la pena.

Este año lo pasaré a oscuras, observando, recordando, añorando, estaría peor sin esta experiencia, pero cómo es lógico, no me consuela de nada de lo sucedido, sólo quisiera que más personas se dieran cuenta de más cosas, que va a doler y aunque ya se me ha pasado la furia berserker por la que quería verles arrastrándose por las aceras e implorando piedad al sistema, deseo que les vaya bien, y que no sea a costa de que les vaya tan mal a tantos otros.

Porque no todos queremos servir para o servir a, aunque tengamos que hacerlo, por el momento.

*Gracias a Molinos y Efe por la inspiración.

**Masia, cortijo, finca, pazo etc. 


No hay comentarios: